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YouTube: EL ESPACIO QUE DILATÉ HABITAR

y que me ayudó a reprogramar creencias. Las creencias no se desarman solo pensándolas, se desarman habitándolas con consciencia.

YouTube: EL ESPACIO QUE DILATÉ HABITAR


Durante mucho tiempo, YouTube fue para mí un territorio extraño.
 Un lugar que veía de lejos, que no entendía y que no me animaba a habitar.
 Tenía una lista entera de creencias que me frenaban:

— “Se me va a acabar el contenido.”
 — “Necesito un micrófono profesional para empezar los podcasts.”
 — “Es demasiado trabajo, no voy a tener tiempo, no voy a poder sostenerlo.”
 — “¿Para qué, si casi no tengo suscriptores?”

Y así, como hacemos tantas veces, fui dilatando habitar ese espacio.

Hasta que un día entendí algo simple y poderoso:
 las creencias no se desarman solo pensándolas, se desarman habitando lo que te da miedo, lo que duele, eso que no te deja crecer.

Lanzarme fue mi reprogramación.

Me lancé a la aventura. Sin todo perfecto.Sin todo listo. Sin certezas.

Me asesoré, busqué apps para mejorar mi voz, investigué un poco, y me animé. No desde la obligación, sino desde la curiosidad. Desde esa voz interior que dice: “¿Y si…?”

Y algo hermoso pasó.

YouTube dejó de ser “una red más” y se transformó en un refugio creativo, en un laboratorio, en un espacio de autodescubrimiento.

La escritura volvió a ser casa, pero desde otro lugar

Al preparar cada episodio, reconecté con la escritura desde un lugar más relajado: menos exigencia, más disfrute; menos estructura rígida, más creatividad; menos “tengo que” y más “quiero ver qué sale”.

Pensar temas, estructurarlos, contar historias, me llevó a revisar conceptos, revisar mi propio camino, volver a mis herramientas y, sin querer, actualizar mi forma de enseñar.

Mi voz como reprogramación

Algo que no esperé y me cambió todo:
 escuchar mi propia voz.

La frecuencia, la vibración, el ritmo.
 Eso también es reprogramación.

La voz es verdad.
 Es energía.
 Es espejo.

Escucharte te ordena, te baja a tierra, te devuelve el foco, te hace coherente.
 Grabando podcasts descubrí que mi voz tiene una memoria emocional que me guía, me acompaña y me recuerda quién soy cuando el ruido de afuera intenta distraerme.

La creencia del “no voy a tener tiempo”

Quizás la más grande de todas.
 Creía que iba a estar desbordada si sumaba otra red social más a mi vida.

Y resultó ser exactamente lo contrario.

YouTube me dio tiempo.
 Tiempo interno.
 Tiempo de escucha.
 Tiempo para bajar el ritmo.

Porque las personas que llegan a este espacio también se toman el tiempo:
 preparan un café, escuchan, se permiten una pausa, conectan con la tecnología desde otro lugar. No vienen a la urgencia; vienen a la conciencia.

Y eso crea una energía hermosa que sostiene el canal.

Mi creatividad infinita

YouTube me mostró algo que necesitaba recordar:
 cuanto más creo, más creatividad tengo.
 Cuanto más comparto, más contenido surge.
 Cuanto más enseño, más aprendo.

Hoy, somos 2000 suscriptores en YouTube.
 Y para mí significa muchísimo más que un número.

Gracias por estar del otro lado


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