Por Sofía Solari Adot — Academia Palabroteca
Hay algo profundamente mágico en la palabra. No solo en lo que decimos, sino en lo que pensamos, escribimos y hasta callamos. Cada palabra es energía. Una vibración que ordena, crea o transforma nuestra experiencia interna y externa.
En Academia Palabroteca creemos que escribir a mano no es algo inocente, ni de niños, sino un acto energético. Que cada trazo en el papel es una conversación entre tu mundo interno y la realidad que estás manifestando. Y que cuando elegís tus palabras con conciencia, también estás eligiendo la vida que querés vivir.
Hoy quiero invitarte a reflexionar sobre algo simple y profundo: ¿Para qué escribimos textos que nadie lee?
Tu diario personal no es un cuaderno.
Es un espacio sagrado.
Un archivo secreto de tu universo interno.
Ahí donde solo vos podés entrar, escribir es mirarte sin filtros. Es decodificar tus experiencias, entender cómo percibís tu realidad, observar tu energía del presente.
Es como sacar una foto del paisaje de tu mundo interno: a veces se ve una luz, a veces una sombra, a veces un detalle mínimo que te cambia el día.
Cuando escribís para vos misma, estás haciendo algo más profundo de lo que parece:
Observás tu vida con mayor claridad.
Detectás patrones y creencias que te habitan.
Convertís lo intangible en algo que podés sentir, procesar y transformar.
La neurociencia respalda esto: escribir a mano activa redes cognitivas que fortalecen la memoria, mejoran la concentración y ordenan la percepción. Es literalmente un filtro de tu vida interna.
Y desde la metafísica, cada palabra escrita es energía en acción.
Lo que nombrás, se vuelve visible.
Lo que observás, se vuelve transformable.
Lo que reconocés, empieza a cambiar vibracionalmente.
No somos una sola historia.
Siempre hay una -o varias-historia alternativa.
Y escribir te permite elegir cuál querés seguir viviendo.
Escribimos textos que nadie lee porque necesitamos un espacio donde nadie nos mire, nadie opine, nadie aplique filtros ni expectativas.
Escribimos para escucharnos.
Para vernos.
Para reconocernos.
Para crear desde adentro hacia afuera
Cada vez que escribís, te estás escribiendo. Y cada palabra que elegís, también te elige a vos.